martes 4 de noviembre de 2008

Delírica impudicia

En la punta de tu pliegue
deslizan tus ardores,
la mórbida espera
nutre tu blasfemia,
subyuga tu regazo,
escupe la impaciencia.

Y tus lóbregas codicias
seducen mil amores,
con ellas te coronas
de mi atávica impudicia.

Entonces,
trasgrediré tus demandas,
vertiendo mi opulencia
en vandálicos asaltos,
destrozando la mañana,
calentando los desvelos,
regalando los sabores
de tu íntimo arrebato.

¡Serás mía!

¡Solo mía!

Mientras tu nombre ronque,
mientras la fiebre se agolpe,
mientras se funda el trance
donde tus honores,
ya son parte de mis dotes