viernes 20 de marzo de 2009

Soliloquio para la escogida

A la vera de las cornisas,
una tarde cualquiera,
con los velos de cenizas
huyó su gracia verdadera.

Nadie confino su partida,
nadie camino su ladera,
nadie conculcó su guarida,
ni su temple, ni su manera.

Aun los laicos la bautizan,
en la escarpa de la cantera,
los mil soles la priorizan,
en los templos de madera.

Supo el médano de su hijo,
supo la villa de su testera,
las siembras tuvieron cobijo,
y a la viveza, la sordera.

El oriente gime su impronta,
la nostalgia hizo enredadera,
la impudicia asombra la coronta,
en los pliegues de su acera.

Dicen que vendrá de lunas,
esperando la bendita primavera,
vendrá pregonando con sus runas
la estirpe que violó la escalera.

Será el trono la alevosía
que adornará su pradera,
y en su verso la profecía,
masticará la torpe espera.

1 comentarios:

Bibiana Poveda dijo...

Leí este bello poema, y me quedo con las imágenes preciosas... preguntándome quién es la escogida...
Saludos, Patricio, me encanta volver a leerte!