Para regalarte una poesía
donde te diga la verdad,
solo debo catar
el dulce sosiego
de tus ojos a la mar.
Y si por osadía
tu rostro puedo atisbar,
me embriagaré
en la insolente arquitectura,
de tu belleza sin igual.
Una y mil veces,
o tal vez un poco más,
tus labios
me deliran
en un sueño sin final.
Audrey Riley: el Misterio de las Cuerdas en Algunos Grandes Discos
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Dirección, arreglos de cuerdas, violonchelista
Hace 5 días

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